Nuestro cuerpo tiene sistemas de seguridad para protegernos (menos mal).
Cuando entran toxinas, las “secuestra” dentro del tejido adiposo (grasa) para retirarla de la circulación.
Pero si “destruyes” esa grasa de una forma demasiado rápida, puedes estar liberando demasiadas toxinas a la sangre
CONSECUENCIAS (sólo algunas):
Sobrecargas el hígado y riñón que han de eliminarlas.
Aparece fatiga, dolor de cabeza, niebla mental.
Puedes alterar la tiroides, con lo cual tu metabolismo se volvería más lento y te costaría más perder peso.
Aumentaría la inflamación en el organismo.
Pueden aparecer cálculos biliares.
Además, este tipo de pérdida de peso, en la mayoría de los casos, tiene un efecto rebote y es muy probable que recuperes todo el peso perdido y algo más
RECUERDA que lo más importante de todo es TU SALUD.
Y la salud, se trabaja día a día:
- Con lo que comes: alimentos frescos y de temporada.
- Cuánto te mueves a lo largo del día y un rato más para entrenar, ni que sea tres días a la semana.
- Cómo descansas, porque es el momento en que te vas a reparar.
- Tus relaciones, que estas te pueden alimentar o consumir…
- Incluso cómo piensas y qué…
Haz un cambio de hábitos real y sostenible: el peso vendrá por sí solo!
Eso sí, Roma no se contruyó en un día: incorpora los cambios progresivamente.